Christian Bobin es un escritor y poeta francés poco conocido aún en España., pero de una larga y reconocida trayectoria en Francia. En La presencia pura Bobin refleja sus vivencias durante el tiempo que acompañó a su padre enfermo de Alzheimer e ingresado en una residencia en Francia. Se publica en este libro, junto al texto poético, una entrevista dada por el autor a la revista catalana Dar lugar en 2015, en la que podemos adentrarnos en su forma de ver y vivir la enfermedad de Alzhéimer. Un último broche son las fotografías de Maribel Suarez en las que se refleja sin palabras la vida intacta que habita en esas personas.
Basicamente y resumiendo mucho, lo que se presenta en este libro es la constatación de que estas personas están presentes, que no se han ido y que para nosotros, vivir esa experiencia de acompañamiento, puede ser un regalo.
“No quedaba allí más que la vida elemental, que en el fondo es la única vida: beber un vaso de agua, apretar una mano, mirarse a los ojos, escucharse, callar (a veces largos ratos), caminar…las cosas más elementales son las que nos salvan y las que dan el auténtico valor a la vida.” Christian Bobin.
De ahí parte Christian Bobin, y a lo largo del recorrido por el libro podemos rescatar determinados aspectos que son recursos para vivir esta enfermedad. Uno de ellos es aprender a percibir no solo con la mente, sino con la totalidad que somos; también darnos cuenta de que esta enfermedad puede ser una oportunidad para acercarnos al dolor humano y para conectar con zonas más profundas de nosotros mismos. Podemos contactar con es presencia pura que ellos son, vida en su estado más esencial.
Nos ofrece también la reflexión de que estas personas no están ausentes: “Estos enfermos, contrariamente a lo que se dice, no están ausentes. Quizás sean las personas menos olvidadizas, porque no olvidan la base de la vida, lo esencial.” Christian Bobin.
Otro de los aspectos que se tocan es el tema de los vínculos con ellos, que no desaparecen y la forma de ir a donde ellos están.
En definitiva no se trata de falsear, o edulcorar la dureza de esta enfermedad, sino de darnos cuenta de lo que puede aportarnos y de que es una interrogante para nosotros. Anclamos nuestra identidad en una historia personal, en la memoria, en recuerdos, en una personalidad, pero esta enfermedad nos invita, por eso nos resulta tan dura de vivir, a sumergirnos vivencialmente en esa interrogante abierta, en ese camino de transformación al que nos invita la pregunta: ¿quién soy yo?
«Ellos viven una vida que solo tiene lugar aquí, donde estamos, ni mañana, ni ayer. Viven, y su memoria no está hecha de historias, pensamientos, juicios, sino de susurros y sonrisas. Ellos recuerdan la melodía esencial de la vida. Están vivos, y nos interpelan a preguntarnos ¿quiénes somos realmente? Cuándo no pensamos ¿seguimos aquí? Solo hay que pararse a mirar sus ojos para conocer la respuesta.» Antonio Más y Alicia Martínez de las palabras preliminares a La presencia pura.


