Inaugurada la exposición “Escaleras de La Habana Vieja”, segundo premio del V Concurso Miradas
El pasado 20 de febrero, el Ateneo de Mairena acogió la inauguración de la exposición “Escaleras de La Habana Vieja”, de la fotógrafa y ateneísta Felicidad Martínez-Pais Loscertales, obra galardonada con el segundo premio en la quinta edición del Concurso Miradas, organizado por el Grupo de Fotografía.
La muestra propone un recorrido visual por La Habana Vieja, declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, y por su arquitectura marcada por el paso del tiempo, el salitre y la falta de recursos para su conservación. A través de su mirada, Felicidad pone el foco en un elemento aparentemente secundario pero profundamente simbólico: las escaleras.
Durante la inauguración, la autora compartió con el público el origen espontáneo del proyecto. Aunque siempre había hecho fotografías, fue en 2017, tras recibir como regalo una cámara Fuji y comenzar a formarse en edición digital, cuando empezó a desarrollar con mayor profundidad su mirada fotográfica. Ese mismo verano viajó a Cuba en un viaje fotográfico que marcaría el inicio de esta serie.
En su diario anotó el primer día en La Habana: «Todo tiene un aire estragado por el descuido y el salitre un tanto penoso». Y casi sin proponérselo, comenzó a fotografiar las escaleras que se intuían tras los portales. No era un proyecto preconcebido, sino una atracción casi intuitiva. “No sé si es el simbolismo, las líneas, el hecho de que por ellas se sube y se accede a una vivienda, la curiosidad no satisfecha de saber cómo se vive ahí arriba, el acceso a la intimidad…”, explicó.
Las escaleras aparecen en sus imágenes como vestigios de una antigua opulencia al borde del derrumbe. Algunas son auténticas ruinas; otras, espacios donde la vida continúa con fuerza. En torno a ellas transcurren escenas cotidianas: personas que entran y salen de casa, niños que juegan, vecinos que descansan, una bailarina que posa, gatos dormitando al fresco o jóvenes que ascienden hacia un momento de ocio.
Más allá del deterioro arquitectónico, lo que terminó revelándose como núcleo del proyecto fue esa resistencia silenciosa de quienes habitan esos espacios, esa vida que persiste pese a la precariedad material. Esa tensión entre decadencia y dignidad atraviesa toda la exposición.
La exposición puede visitarse hasta el 10 de marzo en horario de 18 a 21 horas.















