CRÓNICA PARA PIELES HUMANAS

LA PINTURA EXPRESIONISTA DE JUAN DOMÍNGUEZ

Un éxito merecido y rotundo acoge, en el Ateneo de Mairena del Aljarafe, desde el 27 de abril hasta el 22 de mayo de 2024, la exposición de Juan Domínguez. Pintor de sobrecogedora honestidad y dotes excepcionales para el tratamiento del color en la luz y la luz en la textura, no pone fácil etiquetar unacreación tan singular. Expresionista de vigorosa pincelada al óleo (inevitable la resonancia de Lucien Freud) o de trazo fragmentado al pastel (¿ecos de Edgard Degas?), traza un puente muy personal entre el dominio dibujístico que requiere la precisión del trazo y la dispersión del color, que se separa apelando a ser reconstruido en la mirada del espectador, conun propósito claramente impresionista.

Natural de Sevilla, la obra de Juan Domínguez ha rebasado ampliamente las fronteras de su ciudad natal. Es inevitablemente universal porque, como el paisaje, en su desnudez el ser humano se hace universal; son las fronteras uno de los velos que este creador consagrado a la verdad se ha ocupado, delicadamente, de quitar. Gestos, posturas, miradas de sus figuras hablan el lenguaje de sus pieles enfrentadas a la belleza indisimulada de la sombra, y ese aire de orfandad que los sumerge en una historia paralela a la vida. Ello, unido a la talla del talento creador de Domínguez, hace que su amplia producción se halle en colecciones repartidas por el mundo… Es el mensaje de patria única que tienen las pieles humanas cuando se enfrentan al límite de su propia definición.

La trayectoria expositiva de Juan Domínguez, que arranca en su juventud, testifica de una vocación temprana, arraigada con firmeza en una sensibilidad y una vocación que el tiempo no ha hecho sino fortalecer.

Su apretado recorrido expositivo me obliga a mencionar sólo algunas de las salas que acogieron su obra, tales como la Galería sevillana Cristina Albarrán o la Sala Oriente de Caja San Fernando de Sevilla. Dentro del nutrido capítulo de premios y reconocimientos, me permito destacar la distinción con Mención de Honor en el Gustavo Bacarisas, y, en dos ocasiones, en el Premio de Pintura Rápida del ayuntamiento sevillano.

Pero exhibirse (todo artista que expone, se expone) en prestigiosos salones no ha impedido que alternara estas muestras con otras en espacios informales donde halla la cálida humedad de las conversaciones, el diálogo directo con su público, ese feedback irrenunciable si el arte no quiere parecerse a la sala de espera de un hospital.

Ni la solvencia de su currículo, ni el éxito acumulado, ni la entregada acogida de un público le hacen ser diferente al hombre desnudo que se autorretrata. Se hace personaje de su propia obra. Hoy creador y creado se miran a través de un cristal.

Como sorprendidas por un foco indiscreto, las figuras no pueden ocultar su ensimismamiento, su costumbre a la soledad, su fusión con la penumbra. Nos trae Juan Domínguez un espejo sin empañar. Con elegante expresionismo muestra la semblanza de una humanidad en su completo desasimiento, ocultamente herida. Son los suyos ambientes de intimidad descuidada. En ellos, los personajes se abandonan confiados a la mirada del pintor. Saben que él tratará con fervor, con ternura, la piel abierta de su historia, el abismo de su desamparo.

Porque no ha esquivado el vértigo del absoluto desabrigo, sin idealización, se hermana con las personas que ofrecen sus cuerpos a su mirada exacta de pintor, sin florituras pero sin  desgarro. Creían que este artista pintaría sus cuerpos. Quizá ya sepan que lo que Juan Domínguez pinta es la piel del alma.

En suma: acierto el del Ateneo de Mairena del Aljarafe al acoger esta bien compactada colección de obra personalísima, de un pintor que se muestra con la humildad y la austeridad de los artistas excepcionales. Nos trae en esta ocasión a la mirada una humanidad sin aditivos. Pero él, con la maestría que sólo da el amor a un oficio, la rescata de su desolado abandono con la inquebrantable luz de su pintura.

 

Pilar Domínguez Toscano