
Es un tópico afirmar que la Edad Media europea fue un periodo de tinieblas y
oscuridad intelectual. Aquí no. En al-Andalus (711-1492), las artes y las ciencias, la
literatura y la gramática, la filosofía y la religión brillaron a igual nivel que en el Islam
oriental en su momento de mayor auge. En la España musulmana se vivió un auténtico
Siglo de Oro en lengua árabe y hebrea, singularmente para la medicina durante el siglo
XII. La medicina griega hipocrático-galénica nos llegó difundida desde la “Casa de la
Sabiduría” de Bagdad, institución donde se tradujeron del griego al árabe, los
principales escritos de la Antigüedad.
Pero los médicos andalusíes no fueron meros copistas o transmisores del saber
helénico, sino que reformularon el galenismo e hicieron importantes contribuciones e
innovaciones al cuerpo de conocimientos médicos. Por encima de las convulsiones
políticas, sociales y bélicas del momento, destacaron especialmente, en los campos de
la Cirugía (Abulcasis), la Farmacología (Hasday ibn Shaprut, Ibn Yulyul, Ibn Wafid,
Al-Baytar), la Pediatría (Arib ibn Said), la Clínica (saga Avenzoar, Averroes), la
Oftalmología (al-Gafequi) y la Higiene (Maimónides). Imbuidos de un espíritu
universalista, muchos de ellos fueron polígrafos y cultivaron otras ramas del saber
donde también hicieron aportaciones claves. Las obras de estas grandes figuras
influyeron decisivamente en la medicina occidental y, trasladadas al latín y al hebreo,
fueron libros de texto obligados en todas las universidades europeas durante los cuatro
siglos posteriores.
Al-Andalus fue la puerta del saber de la Europa medieval, eslabón imprescindible para
la gestación ulterior del Renacimiento, y donde se construyó una de las páginas más
brillantes de la cultura española.


