
“Tiene la puntá bonita”. Así se definía antaño el talento de algunas bordadoras de mantones especialmente dotadas para el oficio. Porque una cosa es bordar bien y otra es tener ese algo indefinible que otorga vida al bordado. Algo que no se aprende, que se tiene o no se tiene.
Ángeles Espinar, nacida en Villamanrique de la Condesa, donde en los años veinte se producía casi todo el bordado para las fábricas de Sevilla. Anteriormente, los mantones venían todos de Cantón en el galeón de Manila, pero con el tiempo empezaron a producirse localmente.
Ángeles Sánchez Espinar procede de una familia de bordadoras, ella es la tercera generación, su abuela creó el taller en los años 20, pero fue su madre la que le dio el impulso, llegando a tener durante los años 70 hasta cien bordadoras en su taller.
Ángeles Espinar constituye una figura esencial en la salvaguarda y mantenimiento de esta artesanía, de este «savoir faire» que forma parte del patrimonio social y cultural de algunos pueblos del Aljarafe. En el año 2007 obtuvo la medalla de oro al Mérito de las Bellas Artes.
El arte del bordado, hoy casi perdido, supuso durante años un elemento clave en el sistema económico y social de estas comunidades.
Hoy en día Mª José Sánchez Espinar ha tomado el relevo de la tradición familiar en la protección y mantenimiento de la esencia del bordado antiguo.





