
Durante todos estos meses pasados nos hemos estado ocupando del nacimiento, evolución y esplendor a lo largo de los siglos XVII y XVIII de la llamada Ópera Seria Barroca.
La que, con sus héroes, sus mitos y su exaltación de las grandes pasiones y virtudes sublimes, era el espectáculo representativo por excelencia del poder y la aristocracia. Y, sin duda, protagonista de un inmenso legado musical y cultural. A partir de la segunda mitad del siglo XVIII este tipo de ópera representa el elemento de continuidad del Barroco.
Y la Ópera Buffa, surgida de un espectáculo mucho más modesto, iba a representar el elemento de ruptura. Así se convirtió en el fenómeno central de la historia musical de la época. Y nos regaló algunos de esos milagros con los que la música y el arte nos asombra y emociona.




