
Fotografía y vino, buena mezcla, aunque la verdad es que el vino combina bien con casi todo.
El vino es la luz del Sol, unida por el agua, decía G.Galilei. Aquí hay una buena aproximación a la fotografía, la luz es imprescindible y el agua (aquí los químicos) hicieron posible la fotografía analógica.
El mundo del vino es rico para el fotógrafo desde sus inicios, al desarrollarse en espacios naturales, el campo. El mundo de las bodegas y su estética propia. Su recipiente de uso, la copa, con sus formas, la transparencia del cristal. Las botellas, su cofre.
Ahí esta su textura, sus reflejos, transparencias, juego de luces, su variedad de color, sus burbujas, su macro, su abstracción.
Y a nivel social, todo lo que el fotógrafo puede recoger de las fiestas populares donde el vino es pieza importante, anima las fiestas, desinhibe sentimientos, a veces gozosos…a veces no tanto…
Pero el fotógrafo está ahí para ser testigo y seguir capturando momentos…
y otra ronda ¡¡¡





