Seguramente en nuestras vidas, con frecuencia, “con una monotonía incesante, vemos como entorpecen y obstaculizan nuestra actividad individuos obstinadamente estúpidos, que aparecen de improviso e inesperadamente en los lugares y en los momentos inoportunos”. ¿Cuántas veces hemos sufrido o hemos observado, con impotencia y desesperación, el poder destructivo de estas personas? Carlo M. Cipolla, uno

